¿Qué es, pues, para él el amor? Su realización más plena, su ultrarrealización, porque vá más allá de sí mismo en ese derramarse gozoso. Será para él algo así como el júbilo de Dios al crear el universo.
¡Pero son tan pocos los que llegan a amar de veras, porque son tan pocas las personas maduras! Acaso seas tú uno de esos seres privilegiados. O acaso pienses que sí no es auténtico. Podrás reconocer tu verdad si te ocurren los fenómenos que vamos a describir.
Si has arribado a la madurez mental y te has enamorado, sientes todo el día la presencia de la otra persona envolviéndote. Está en tu trabajo y en tu paseo, en tu vigilia y en tu sueño. A veces, pronunciarás su nombre como para anunciarte a ti misma su presencia, o como llamándolo con ansiedad infinita. Si de veras amas, entáblarás a solas un monólogo o un diálogo semejante a éste:
¿Qué podría decirte? Sólo el silencio; unicamente o que nos comunicamos cuando nuestras miradas se entregan largamente o cuando al despedirnos enmudecemos ante la inmensidad de la noche estrellada. Sólo en el silencio de tu alma y de la mía nos lo decímos todo, porque somos ya uno y no necesitamos la palabra.
¡Qué molentia cuando en la mente transitan los ruidos vulgares del trajin diario y no me dejan escuhar bien la música de tu nombre! ¡Cuánto me irrita que alguien se me acerque cuando estoy en las nubes, para derme o preguntarme algún asunto del trabajo o cualquier cosa banal, interrumpiendo groseramente mi pensamiento de ti! Respondo sin tino y sin cortesía. Es como si cayera de golpe desde el cielo a la incolora realidad terrestre. Psorque, ¿sabes?, allí es donde moro, lejos de la tierra, en un puro sueño del que no quiero despertar: en una isla contigo, en una isla que navega por los mares del firmamento.
Me has transtornado. Eres pura embriagadez. Cuando sé que vas a venir, se me acelera el corazón tiemblo. Me pongo a contar los días, o las horas, los minutos. ¡Llegas!, y la alegría me hace jadear. Disimulo ante ti para que no sospeches que te amo de más y te crezcas o te empalague. Pero si he de alejarme un momento para ir en busca de algo a la otra habitación, tropiezo con los muebles porque me apresuro demasido y a veces cierro los ojos para murmurar entrecortadamente: "¡Aquí estás! ¡Aquí estás tú!". Después, al irte, me quedo repitiendo tus palabras, las analizo, las gozo, las beso. Miro tu imagen con sus expresiones habituales, sobrepuesta a los objetos que me rodean, como si la realidad y tú fueran dos películas montadas, pero yo sólo te veo a ti y lo demás deja de tener sentido.
Todos me desconocen. Se ríen desd mí y dicen que yo ya no soy yo. Es cierto, ya no soy yo, soy tú. O quiero serlo y lo estoy siendo un poco más cada día. Tus dolores con los míos y tus sonrisas, y tus proyectos, tus trabajos, y tus glorias y tus remordimientos.
Buscamos la identificación de nuestro espíritu que despuén vendra a expresrse en la identificación de los cuerpos. E imploramos la eternidad. No nos conformamos con menos.
Qué mis palabras te acompañen
EMMA GODOY